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La fascinación de Mario Schröder por Sergei Rachmaninov

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Desde comienzos de la temporada 2010/11, Mario Schröder se desempeña como director y coreógrafo en jefe del famoso Ballet de Leipzig. Hasta el día de hoy, ha creado más de 60 coreografías y ha actuado alrededor del mundo como coreógrafo y bailarín en países como Japón, Rusia, Estados Unidos y Mongolia.

Mario Schröder descubrió a Rachmaninov a una temprana edad, y disfruta su música de manera tanto pictórica como física, haciéndola ver como si hubiera estado predestinada para la danza. Para Schröder, la música de Rachmaninov conecta las imágenes de partida y regreso, de convergencia y separación, e intersecta caminos. La idea de tiempo es expresada en un número diferente de formas, como algo vivido profunda y personalmente, algo que cada individuo trae a la mesa ligeramente diferente. 

Presenta con el Ballet de Leipzig un homenaje al compositor ruso conc sus Conciertos para piano No. 2 en Do menor, Op 18 y No. 3 en Re menor Op 30. En entrevista pudimos conocer en detalle sobre este espectáculo y la compañía de danza alemana.

 

Los amantes del Ballet vieron el espectáculo que presentaron en 2011. ¿Qué cambia entre esa presentación y la que traen ahora?

No hay contundentemente una diferencia pero venimos con un trabajo diferente que demuestra la historia y la tradición de la Compañía. Por primera vez, una coreografía de Mario Schröder será interpretada en Colombia demostrando la continuación y el futuro del Ballet de Leipzig.

¿Qué diría es lo más fascinante y valioso de Rachmaninov?

Rachmaninov es uno de los principales compositores rusos y sus trabajos, especialmente conciertos de piano, tienen una fuerte conexión con su historia personal; por ejemplo, la nostalgia y añoranza de su país natal, Rusia. Escribió el segundo concierto siguiendo un largo periodo de enfermedad y depresión durante el que se mantuvo artísticamente estancado. Siguiendo el tratamiento de terapia hipnótica, empezó a escribir de nuevo y en este tiempo compuso los altamente exitosos Conciertos para piano No. 2 y No. 3. En ambos conciertos sus muchas condiciones y periodos emocionales son evidentes y fáciles de escuchar a través de sus composiciones. Cuentan la historia del rápido progreso de la vida, sus dichas, su melancolía y tristeza. 

Al haber bailado esta pieza como solista, ¿cuál diría es el reto más grande como bailarín para interpretarla?

Como bailarín estaba fascinado con la forma en la que Uwe Scholz traducía la música a coreografía. En ambas piezas un saber técnico extremadamente alto es necesario, igualmente importante, sin embargo, es la sensibilidad requerida como un artista. El virtuosismo necesitado es suficiente para retar a cada bailarín individual.

¿Qué sabe de la creación y construcción de esta coreografía?

La coreografía se da usando la estructura de la música y traduciendo esta música en una vía, lo que oímos en la partitura con el movimiento coreográfico. Y las dos piezas tratan de traducir estos temperamentos y emociones de la música a imágenes.

En las coreografías de Uwe Scholz, el estilo es mucho el vocabulario de lo neoclásico y a través de eso se vuelve una abstracción que se vuelve fuerte después de la notación de la partitura.

Y en mí hay una gran distancia a eso, y será no solo la traducción de la composición pero también de la historia misma de Rachmaninov y todas las emociones de su vida e historia. Y esta es la conexión a las audiencias hoy en día, hablando del hogar y donde se vive ahora, y esa es mi gran simétrica, la tierra natal.

¿Sabe por qué Uwe Scholz decidió hacer esta pieza dedicada a Rachmaninov?

Pienso que porque Uwe siempre fue un gran fan de Mozart, y estaba buscando para esta vez algo diferente, y encontró a Rachmaninov, porque transporta muchas emociones a su música. 

¿Qué tiene este repertorio de Rachmaninov que hizo que lo escogiera para esta presentación?

Al bailar el estreno de la coreografía de Uwe, el Tercer concierto para piano, yo ya era un fanático de la música de Rachmaninov y amaba bailar estas piezas sobre esta música y ya tenía una fascinación por Rachmaninov, y me preguntaba por qué Uwe escogió el Tercer concierto y no el Segundo, porque pensaba que el Segundo es más fuerte y tiene más emoción y la búsqueda de la vida, del hogar, de dónde está su casa; y como bailarín pensé que en un futuro se debería hacer también con la Compañía.

¿Cuándo y cómo tuvo el primer encuentro con Rachmaninov, su música y su trabajo?

La primera vez que escuché la música de Rachmaninov fue en el colegio y viendo una película francesa que se llama Yendo y volviendo, cuyo tema principal es el Holocausto. Y en esta película se toca el tema de dejar el hogar, y el tiempo es un factor principal también, que se ve en mis coreografías. Y la música de Rachmaninov es parte principal de la película. 

Cuéntenos acerca del vestuario. ¿Tiene algún significado especial?

El vestuario basado en pinturas de Kandinsky, y viajar se refleja en los vestidos, y todos tiene gabardinas también, y son un símbolo de cuando te vas y vuelves, es la conexión con la película que mencioné antes. También es una pequeña idea filosófica; soy fan del director ruso de cine Andréi Tarkovski, él escribió un libro sobre lo importante que es el tiempo para la gente, y él crea escenas en sus películas donde el tiempo lo traduce a los ojos de la cámara. Todo el mundo tiene su tiempo interno. Entonces quise que la vestimenta se viera atemporal. Esto es importante en el vestuario, la atemporalidad y viajar. Reflejan un momento que se queda en el tiempo, de pronto en unos años será otro momento. Eso es una diferencia con Uwe, pero aprendí mucho de él, aunque mi escuela es más clásica con mezcla de moderna, es el encuentro de dos generaciones.

¿Y cuál es la complejidad de la escenografía?

Tienen una pintura de kandinsky en el fondo del escenario también. La luz es muy importante, es una historia, buscar la luz, un lugar que nos pueda mantener. Tenemos diferentes situaciones, luz quieta y luz en movimiento. Es importante para mí que cuando escucho a Rachmaninov es como viajar, con mi mente, mi cerebro o mi energía. La luz también es movimiento. Creo mi ser de luz.  Y tenemos una pequeña película al principio. Buscamos la luz todo el tiempo, los bailarines siguen la luz. Deben luchar por la luz. 

¿Es esta coreografía fiel a la creación de Uwe Scholz o tiene algunas modificaciones?

La pieza de Uwe tiene 20 años. Para mí como director es importante, no quiero cambiar algo, pero lo que es importante es que se entienda el punto, y se pueda adaptar esa clásica pieza al ahora, y la energría de lo que él quería decir con los movimientos y la coreografía. Esta pieza es atemporal. Estamos en el aquí y el ahora. Es un regalo para todos los bailarines por venir. Le doy un poco de la energía de este tiempo, pero se mantiene el alma de Uwe. Somos lo que somos por la historia, no podemos crearnos desde cero. Es un paso a paso, pero tenemos la influencia del tiempo. No hago música que parte de nada, viene de algo, de Rachmaninov. 

¿Por qué escogieron esta pieza para volver a Colombia y no una recientemente creada por la Compañía o una contemporánea?

Porque tiene mucho que ver con Leipzig, de donde venimos. Y la noche que tendremos junto a los colombianos dice mucho de nuestra compañía y lo que somos como compañía. También porque Leipzig es una gran ciudad musical, y en otros estilos de compositores como como Bach, Mendelson o Wagner, no mucho como Rachmaninov, pero de alguna forma Rachmaninov está muy ligado con la Compañía. Y estos dos conciertos de piano juntos en una sola noche ni siquiera se escuchan en otros conciertos, es algo muy especial tenerlos juntos interpretados en vivo en una sola noche. Él hizo el estreno en Leipzig y por eso decimos que lo llevamos a Bogotá.

¿Tienen bailarines colombianos en la Compañía?

Tenemos una bailarina colombiana, es muy especial, para mí es una bailarina de la compañía que es muy inspiradora; y no es lo único por lo que es especial, tiene buena energía y dinámica, y la ves en escena y es increíble, y estoy muy feliz de que esté en la compañía. Tiene un buen lugar acá, ha trabajado conmigo mucho tiempo. Su nombre es Orania Lobo García.

 

Mario Schröder ha trabajado junto a Ruth Berghaus, Maxim Dessau, Nikolaus Lehnhoff y Uwe Scholz. Integra la presidencia del Ballet Alemán y es director de la Conferencia Danza. ¡No te pierdas Rachmaninov del Ballet de Leipzig junto a la Orquesta Filarmónica de Bogotá y el solista ruso Sergei Sichkov!