'Las bodas de Fígaro' se presenta en el Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo
'Las bodas de Fígaro' es una de las mayores creaciones del compositor austríaco Wolfgang Amadeus Mozart. Compuesta entre 1785 y 1786, es una ópera bufa que cuenta una historia ambientada en la España del siglo XVIII en donde el amor, los celos y la infidelidad juegan un papel determinante en la trama y los personajes. Esta ópera llega al escenario del Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo dirigida por el director escénico colombiano Pedro Salazar, de La Compañía Estable y el director musical austríaco Martin Haselböck, contará con la participación de la Orquesta Filarmónica Juvenil de la Orquesta Filarmónica de Bogotá.
Ficha técnica

Ópera bufa en cuatro actos

Libreto: Lorenzo da Ponte (Italia, 1749 - Estados Unidos, 1838)

Música: Wolfgang Amadeus Mozart (Austria, 1756-1791)

Idioma: italiano

Director Musical: Martin Haselböck, Austria

Director Escénico: Pedro Salazar, Colombia

Con la participación de la Orquesta Filarmónica Juvenil de la Orquesta Filarmónica de Bogotá

Producción del Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo y La Compañía Estable

Sinopsis

El conde de Almaviva ha dado la mejor habitación del palacio a Fígaro, su criado, quien está por celebrar sus bodas con la bella Susana. La cámara nupcial no es solo hermosísima y amplia, sino que también se encuentra convenientemente junto a la habitación principal del palacio, donde duermen el conde y la condesa. Mientras Fígaro agradece la buena voluntad de su señor, Susana adivina los motivos verdaderos que este oculta para tan amplio beneficio: el conde piensa reinstaurar el derecho de pernada —derecho feudal que permitía a un señor acostarse con la prometida de sus súbditos la noche anterior a la boda—, el cual él mismo había abolido, para consumar sus deseos sobre la pobre Susana en esa misma habitación.

Mientras tanto, otra conspiración germina en el palacio: la ama de llaves Marcelina acude al menesteroso Bartolo, quien guarda rencores contra Fígaro, para que le ayude a hacer que el ingenioso criado honre un antiguo contrato en el que prometía casarse con ella. Bartolo, motivado por su sed de venganza, aceptará gustoso esta alianza con Marcelina y ambos se dispondrán a pedir auxilio al conde, quien es la máxima autoridad legal de la corte y el único que puede hacer cumplir la antigua promesa de Fígaro.

Los jóvenes amantes, por su parte, han buscado la ayuda de la condesa (mujer colérica y frustrada por las pretensiones adúlteras de su esposo), con quien fabrican numerosas estrategias para engañar al conde, desde intentar distraerlo con rumores falsos de amoríos en el palacio hasta pretender concretar una cita secreta entre el aristócrata y un paje disfrazado de doncella.

En cuanto al plan de Bartolo y Marcelina, este se verá frenado por el descubrimiento de una verdad importante: ellos dos son los padres del desamparado Fígaro, quien fue raptado siendo tan solo un infante. La anagnórisis es crucial, pues implica la imposibilidad de la unión matrimonial con su recién reconocida madre. Esta dichosa noticia concluye en la resolución de llevar el matrimonio de Fígaro a cabo; lo que es más, Marcelina y Bartolo también se casarán, pues el reencuentro con su hijo perdido ha reanimado el amor que alguna vez sintieron.

Finalmente, Susana y la condesa lograrán burlar al conde quien, creyendo ir a una cita concertada con Susana bajo los pinos del palacio, se encontrará realmente con su esposa en disfraz de criada. Mientras el señor corretea a quien realmente es su esposa, este encontrará a Fígaro yaciendo con Susana, quien se ha disfrazado de condesa. La cólera del conde no tardará en transformarse en vergüenza una vez es descubierto el engaño, quedando expuestas sus conductas adúlteras al igual que su doble moral. Los amantes, con su dignidad intacta, finalmente logran estar juntos en matrimonio.

Conoce al reparto de esta ópera
  • Conde de Almaviva
    Günther Haumer, barítono, Austria
  • Condesa de Almaviva
    Kate Royal, soprano, Inglaterra
  • Fígaro
    Jose Antonio López, barítono, España
  • Susana
    Julieth Lozano, soprano, Colombia
  • Cherubino
    Laura Mosquera, mezzosoprano, Colombia
  • Bartolo
    Valeriano Lanchas, bajo barítono, Colombia
  • Marcelina
    Ana Mora, mezzosoprano, Venezuela
  • Basilio
    Hans Ever Mogollón, tenor, Colombia
  • Barbarina
    Sarah Isabel Hincapié, soprano, Colombia
  • Antonio
    Julián Usamá, bajo, Colombia
  • Don Curzio
    Luis Carlos Hernández, tenor, Colombia
Wolfgang Amadeus Mozart (Austria, 1756-1791)

Nacido en Salzburgo, la vida del genio musical fue corta, pero profundamente enriquecedora y productiva para la cultura, siendo un hito incontrovertible en la historia universal. Su primer maestro fue su padre, Leopold Mozart. Ya a la corta edad de 13 años, Amadeus Mozart había realizado numerosas composiciones y realizaba su primer tour por Italia, sorprendiendo a sus audiencias con virtuosismo.

Tras su regreso a Salzburgo, Mozart encontraría un lugar en la corte del principado, pero roces y descontentos lo llevarían a buscar mejores espacios para el desarrollo de su carrera musical. El artista no tardaría en dejar la arquidiócesis de Salzburgo para establecerse en las salas palatinas de Viena, donde el mecenazgo de la emperadora Maria Thèrése y de Joseph II, su hijo, darían la libertad y los recursos que necesitaba el artista. Mozart contraería matrimonio con Constanze Weber en 1782, con quien tendría seis hijos.

Unos años después, en 1785, los intereses del compositor se tornarían a la creación de óperas. La unión creativa de Mozart con el libretista Lorenzo da Ponte sería el crisol del que surgirían inmortales obras como ‘Don Giovanni’ y ‘Las bodas de Fígaro’.

El final de la vida de Mozart, sin embargo, no gozaría del bienestar que encontró durante su carrera en Viena. El genio de Salzburgo moriría enfermo el 5 de diciembre de 1791, bajo el cuidado de su esposa y su hermana, tras una corta y paradigmática vida. Incluso durante su último año de vida, el músico logró ver la realización de algunas de sus últimas obras como ‘La flauta mágica’, la cual estrenó tan solo unos meses antes de su fallecimiento.

Lorenzo da Ponte (Italia, 1749 - Estados Unidos, 1838)

Lorenzo da Ponte, de familia judía, nació bajo el nombre de Emmanuel Conegliano en el ayuntamiento de Ceneda, en 1749. Tras la muerte de su madre en 1763, el joven Lorenzo se convirtió a la fe católica y adoptaría el apellidamiento da Ponte en honor al obispo de Ceneda, quien lo bautizó.

El entonces llamado Lorenzo da Ponte sería seminarista en Vencía, donde recibiría el sacerdocio en 1773; Su toma del hábito, sin embargo, no duraría, y en corto tiempo la vida de da Ponte emprendería rumbos más afines a un destino picaresco. El poeta se vería continuamente involucrado en escándalos que llevarían a su expulsión de Venecia en 1780, evento que lo llevaría hasta Viena, donde aseguraría su posición como poeta de la corte imperial.

Es en este momento donde conocerá a Mozart, con quien colaboraría para la realización de tres óperas: ‘Las bodas de Fígaro’, ‘Don Giovanni’ y ‘Così fan tutte’. La escritura del italiano terminaría siendo el complemento perfecto para la música del compositor, aportando la esencia dramática necesaria para la impecable música del salzburgués.

La buena fortuna que disfrutó el poeta, sin embargo, encontraría su final tras la muerte del emperador Joseph II en 1790, pues el desfavor de la corte y sus desmesurados hábitos lo llevarían primero a Inglaterra y luego, bajo amenazas de encarcelamiento, a los Estados Unidos, donde viviría del comercio y, durante sus últimos años, de la enseñanza universitaria.

La muerte lo alcanzaría en Nueva York el 17 de agosto de 1838; para ese entonces, el poeta había logrado exitosamente la empresa de presentar verdaderas óperas italianas en territorio americano y la construcción de la Casa de la Ópera Italiana en Nueva York.

Conoce a los directores, compañías, orquestas y coros
Los orígenes de Fígaro: de Beaumarchais a Mozart

La ópera de Mozart y da Ponte se basa en una comedia homónima escrita por el francés Pierre-Augustin Caron de Beaumarchas tan solo unos años antes, en 1778. Esta pieza teatral, igualmente aclamada y censurada en su época, constituye la segunda parte de una trilogía titulada ‘Le roman de la famille Almaviva’, compuesta también por ‘El barbero de Sevilla’ (1775) y ‘La madre culpable’ (1792).

La primera de estas obras, ‘El barbero’, nos cuenta cómo Figaro, tras encontrarse con el conde de Almaviva en las calles de Sevilla, decide hacerse su alcahuete para facilitar la unión del aristócrata con la joven Rosine antes de que el viejo Bartolo la haga casarse consigo. Estos eventos serán la antesala para lo que luego tomará lugar en ‘Las bodas de Figaro’: los vengativos propósitos de Bartolo, la inmoralidad del conde y el carisma propio del héroe picaresco serán sustento de la historia en la que se basarían Mozart y da Ponte, bien conocida para sus contemporáneos. Años después, en 1815, Gioachino Rossini llevaría ‘El barbero de Sevilla’ al formato de la ópera, perfecto acompañamiento narrativo para ‘Las bodas’ de Mozart.

Finalmente, ‘La madre culpable’ será la obra con la que Beaumarchais concluirá su trilogía. En este drama moral, Figaro y su esposa Suzanne tendrán que impedir las bodas entre Florestine, hija ilegítima del conde, con el irlandés Bégearss, quien, cual Tartufo, piensa apoderarse de la fortuna de Almaviva por medio de este matrimonio. Nuestros héroes, tras exponer la conspiración de Bégearss, lograrán que el conde y la condesa acepten las bodas de Florestine con Léon, quien supuestamente era hijo de los condes de Almaviva, pero realmente era el resultado de la unión extramarital de la noble mujer con Chérubin, el lujurioso paje de ‘Las bodas’.

Las obras de Beaumarchais, en las cuales se enmarca la ópera mozartiana, fueron censuradas en su época por su mordaz sátira en la que los vicios morales de la clase gentil se veían expuestos y se cuestionaba abiertamente la validez de la hereditaria nobleza de sangre; los textos del francés desenmascararían la apariencia decorosa de la nobleza para señalar una grotesca realidad. Las ideas aquí expresadas por el dramaturgo se consolidarían en su vida durante la comuna de París, en la cual participó, y serían una fiel representación del espíritu de la revolución. Sería el mismo Mozart quien escogería este material para estructurar su ópera, inspirado por los mismos ideales ilustrados presentes en Beaumarchais y en el ambiente europeo de finales del XVIII.

Una ópera bufa, señal de su tiempo

Como muchos otros registros escriturales de diferentes épocas, la ópera italiana en tiempos de Mozart se categorizaba en dos géneros con fronteras delimitadas: la ópera seria y la ópera bufa. El primero de estos dos géneros, más afín a registros de arte mayor, la tragedia y la épica, es de aire solemne y suele tratar materias mitológicas o históricas; dos ejemplos reconocidos de composiciones mozartianas que adoptan los preceptos de la ópera seria son ‘Idomeneo, de 1781, y la última ópera del austriaco, ‘La clemenza di Tito’.

Por otro lado, la ópera bufa se adhiere a la tradición cómica y pastoril, y tiene fuertes raíces en la commedia dell’arte italiana, una convención de origen renacentista en la que la sátira y la parodia se utilizaban para ridiculizar y criticar aspectos de la sociedad, desde sus personajes más cotidianos hasta sus más establecidas instituciones.

‘Las bodas de Fígaro’, adaptación de una comedia escrita por el francés Pierre Beaumarchais, bebe fuertemente de la commedia dell’arte: el personaje de Fígaro, grácil, astuto y buenmozo, es fácilmente identificable bajo el arquetipo del Arlequín; Bartolo, por dar otro ejemplo, tiene la arrogancia y las pretensiones eruditas propias de un Pantaleón. Curiosamente, el único personaje de la obra sin correspondencias con la commedia sería Marcelina.

Esta ópera bufa, fiel a su herencia, trata temas sociales del momento, como lo eran las tensiones entre nobleza y vasallaje, y los ridiculiza en luz de pensamientos propios del periodo en el que Mozart vivió: la Ilustración. La idealización de la aristocracia, cada vez más cuestionada a causa de los excesos propios que esta alcanzó en el Barroco, será un pensamiento en tela de juicio para los revolucionarios que, a finales del siglo XVIII y principios del XIX, erigirían un nuevo paradigma político en el panorama de la civilización occidental.

De vital importancia resulta la interpretación de una de las escenas más fugases de la ópera: la anagnórisis identitaria de Fígaro, quien realmente es Rafaelo, hijo perdido de Marcelina y Bartolo, y quien es reconocido por una inconfundible marca de nacimiento. Este acontecimiento (el cual suele corresponder a un tópico heroico, más afín a la ópera seria que a la bufa) puede interpretarse como un desdibujamiento entre la artificiosa frontera que separa nobleza y plebe: el nacimiento de Fígaro no ha sabido definirlo más que sus vivencias. Aún más interesante, la anagnórisis nunca es presentada como elemento discorde a la unión de Fígaro —quien ahora es un aristócrata por abolengo— con la humilde Susana. Esta concepción ilustrada enfatiza la naturaleza intrínseca e igualitaria del ser humano, y podría emparentarse con pensamientos de pensadores como Rousseau, documentos como las declaraciones de derechos o eventos históricos como las independencias del continente americano.

Datos curiosos

- Mozart se basaría en un texto homónimo de Beaumarchais para la realización de ‘Las bodas de Fígaro’.

- ‘Las bodas de Fígaro’ sería el resultado de una comisión realizada por el emperador Joseph II de Austria, y estrenaría el 1 de mayo de 1786 bajo la dirección del mismo compositor.

- Al igual que la obra de Beaumarchais que le serviría de inspiración, la ópera de Mozart y da Ponte sería censurada, específicamente en la corte vienesa, por el mismo hombre que la habría comisionado.

- La ópera de Mozart estrenaría apenas dos años después de la obra teatral de Beaumarchais, lo cual es indicativo de la rápida popularidad que el personaje de Fígaro alcanzó en su tiempo.

- La elaboración de esta ópera duró seis meses.

- La mayoría de los personajes de esta ópera podrían identificarse fácilmente con los personajes de la tradición renacentista de la commedia dell’arte.

- La obra mozartiana no sería el debut del personaje de Fígaro en la ópera; ya cuatro años antes se había estrenado una versión en ópera de ‘El barbero de Sevilla’, compuesta por el italiano Giovanni Paisiello.