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De la calma a la furia en una sola danza

El mar (de Vigo), que se lleva y trae de vuelta al amante, al amigo; da vida y movimiento a Sem mim (sin mí), una de las coreografías que el grupo brasileño Corpo presenta en el Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo el 20, 21 y 22 de marzo, a las 8:00 PM.

El ballet es sacudido y calmado por la música original compuesta por Carlos Núñez, de Vigo, y José Miguel Wisnik, de Brasil, y basado en el único conjunto de piezas del cancionero secular gallego-portugués medieval que ha llegado con la partitura intacta: el célebre ‘Ciclo de canción Mar de Vigo’ por Martín Codax. 

En las siete canciones, que datan del siglo XIII, el poeta siempre expresa la voz de la mujer, o, más específicamente, la voz de doncellas enamoradas que lloran la ausencia o celebran el inminente retorno del amante-amigo.  Ansiosas por el reencuentro, hacen sus confidencias algunas veces en el mar, algunas veces en la madre, algunas veces en amigos. Y, para apaciguar o excitar su deseo, van a bañarse en las olas del mar de Vigo.

Las letras de este trovador medieval llevaron a Rodrigo Pederneiras a marcar el movimiento de su música con el intercambio entre calma y furia y con el menguante y flujo de las olas, y también para (re)producir, en la pose en escena, la separación entre femenino y masculino, donde uno siempre se queja de la ausencia del otro, en coreografía retratando el flujo constante de avances y retiradas y la recurrencia de movimientos sinuosos o abruptos del torso.

De la combinación de una forma geométrica (un enorme, vacío cuadrado de aluminio) con una forma orgánica (metros y metros de un tejido sintético hecho para proveer sombra de recortes), ambos pudiendo ser manipulados verticalmente, Paulo Pederneiras construye un set que se transfigura durante el espectáculo para representar diferentes paisajes y elementos: mar, montañas, nubes, bote, red de pescar, amanecer.

En unitardos tejidos finamente, teñidos para combinar el color de piel de cada bailarín, Freusa Zechmeister aplica inscripciones y texturas basadas en ornamentos de la Edad Media, transformando los cuerpos de los bailarines en medios para transmitir la simbología de la era, y creando la ilusión de que la escena es poblada por hombres y mujeres “au natural”, cuya “desnudez” es solo cubierta por uno de los signos más arcaicos de la imaginación marítima: el tatuaje.