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El emigrante de la escena teatral latinoamericana

Conoce en esta entrevista al director de Incendios, obra basada en el texto de Wajdi Mouawad, y que podrás ver desde el 24 de abril en el Teatro Mayor.

Miguel Ángel Rivera se define como un emigrante. Nació en Perú pero, por la violencia interna de su país, tuvo que partir con su familia a México en los años 80, cuando era muy joven. A partir de ese momento se ha movido por todo Latinoamérica, con la idea de poder compartir su trabajo artístico con gente de pueblos y países que tienen muchas historias en común. Es un ferviente admirador de las tradiciones culturales de América Latina.

En México ha desarrollado más de 20 años de carrera como Director de Escena, básicamente producido por las instituciones culturales más importantes del país Azteca, como el Festival Cervantino, el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, y con su casa académica que es la Universidad Nacional Autónoma de México, una de las instituciones que produce teatro profesional  con mayor dinamismo y  modernidad.

¿Qué reto representa para ti dirigir una obra como es Incendios?

Cuando llega a mis manos la obra de Wajdi, Incendios, referida a temas tan universales, como el amor maternal, como la violencia interna o como la necesidad que tenemos las personas de conocer nuestra historia y de recuperar nuestra memoria, como una manera de poder seguir viviendo, resuena inmediatamente en mí, como inmigrante, y como hijo de una región, América Latina, que lamentablemente ha estado marcada por este signo de la violencia durante muchos años. Yo creo que para todo director esta es una obra que es, por un lado un reto, pero por otro lado es un placer, es un honor. Incendios es una obra que se puede leer como un thriller, como una historia de misterio, de descubrimiento de un misterio; es una historia que puede leerse como una tragedia familiar, como la historia de una saga muy al estilo griego, donde la vida y la peripecia de los diferentes personajes van a influir, no solamente en ellos, sino incluso en su descendencia. Y finalmente, también, Incendios se puede leer como una metáfora de la importancia de la recuperación de la memoria, de la importancia de enfrentar en el nivel individual, de enfrentarnos con nuestra memoria, con nuestra vida, con aquello que somos y con aquello de dónde vivimos, y también en el nivel social.

Este hermoso canto, esta hermosa apelación, y esta hermosa posibilidad que nos ofrece la obra de la idea de que los pueblos, los hermanos, que hemos sido lastimados, castigados por la violencia interna, tenemos, si recuperamos nuestra historia, la posibilidad de vernos nuevamente a los ojos como hermanos, y no como enemigos.

¿Es tú primera vez en Colombia?

No. He tenido la suerte de estar en el Festival Iberoamericano invitado, en el año 2004, con una obra llamada Divino Pastor Góngora que vino representando a México, y a partir de ahí en Colombia he tenido siempre enorme amistad y recepción de mis colegas. He venido a dar talleres para el Teatro Nacional, y ahora estoy atendiendo esta invitación de amigos colombianos, y hemos formado un colectivo latinoamericano.

En el proyecto hay artistas de Perú, de México, de Chile y nuestros anfitriones colombianos. Para mí, es muy importante decir que me he encontrado en Colombia con un equipo de extraordinarios artistas, extraordinarios actores de diferentes generaciones. Este ha sido un proceso muy largo, se ha audicionado casi 70 actores para poder conocer específicamente a quienes requiero en la puesta en escena, y todos y cada uno se han manifestado, no sólo como grandes actores, sino como seres humanos comprometidos con la humanidad, con sus sentimientos, y con la historia de sus propios países.

¿Por qué el público colombiano debe ver Incendios?

Por varias razones: Primero, porque es una obra que tiene una línea de intriga, es casi como un thriller, donde el suspenso, el descubrimiento de la intriga, sostiene al espectador en unas preguntas incesantes. Segundo, porque es una obra que contiene, en nuestra puesta en escena, tragedia, drama, comedia y mucha música. La música está planteada como música vocal. Nuestros actores, además de estupendos actores, son actores que cantan; entonces es la idea, es la aspiración. Incendios es esto que podríamos llamar una obra total, una obra que le pone al director en frente un material donde puedes recorrer diferentes personajes, integrar elementos distintos de la escena, música, danza, actuación psicológica profunda, realista, elementos multimedia, y elementos plásticos y visuales.

Creo que la aspiración de Incendios, es de esas obras que uno puede salir y decir, he visto teatro en toda su dimensión, he visto actores, durante más de dos horas dejar la vida en el escenario, dejar sus emociones y su destreza física, y acompañarnos también con la música, con el canto, con la belleza de los cuerpos en movimiento.

Creo que hay muchas razones para acercarse a Incendios; sociales, estéticas, temáticas, y sobretodo, el placer de ver teatro, el placer de poder ver un grupo de nueve actores de verdad entregando la vida en cada función. Es una obra que demanda un trabajo muy concentrado y muy talentoso de parte de ellos.

¿Qué diferencia esta adaptación de Incendios a las demás?

Hay dos elementos particulares. En general, algunas versiones de Incendios se concentran más en el drama personal de la protagonista, y otras se concentran más en el drama social que la obra también representa, el tema de la violencia. Y yo he tratado de lograr un equilibrio entre esos dos aspectos. Por eso digo, se puede seguir como un drama personal entrañable que habla del amor entre madre e hijos. Pero se puede seguir también como una metáfora profunda y reflexiva sobre el tema de la violencia interna en nuestros países.  

Ahora, Incendios, nuestra propuesta, es un hermoso páramo de mármol, de piedra de mármol, donde los nueve actores hacen música, y nos acompañan en una sensación de que, la posibilidad de encontrar la verdad, que es lo que buscan nuestros personajes, tal vez pueda llevarnos a la reconciliación, a la posibilidad de que superemos los traumas de nuestro enfrentamiento como hermanos, y podamos abrazarnos nuevamente, en todo aquello hermoso que compartimos los países latinoamericanos.

 

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