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El Siglo de Oro perdura en el Teatro Clásico

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El Teatro Mayor llega a su sexto aniversario este año, y para conmemorarlo, presentamos la obra El alcalde de Zalamea de Calderón de la Barca, escenificada por La Compañía de Teatro Clásico de España.

En versión de Álvaro Tato y con la dirección de Helena Pimenta, El alcalde de Zalamea es una obra dramática, escrita presumiblemente en 1636, y es una de las obras más conocidas y representadas del Siglo de Oro de la literatura española.

En entrevista con Helena Pimenta, conversamos acerca de la vigencia del teatro clásico en la actualidad, de su importancia como género teatral y las diferentes formas de plasmarlo en la modernidad.

 

¿Existen actualmente otras compañías que se dediquen al teatro clásico español?

Sí, afortunadamente sí. Quizá ahora hay momentos de una producción menos intensa por dificultades económicas en general, porque normalmente son elencos muy grandes los que se necesitan y preparados de forma muy especial. Pero sí hay, hay afortunadamente compañías privadas que se dedican especialmente al teatro clásico. La institución pública más importante es esta, pero tenemos muchos actores ya que se han ido formando en la técnica, sobretodo del teatro en verso y de estos periodos, más complejos que tiene este tipo de teatro.

¿Por qué se le sigue apostando al teatro clásico hoy en día?

Porque yo creo que es nuestra herencia y es nuestro futuro también. Quiero decir que en el pasado nos encontramos, nos dibujamos y nos reconocemos a nosotros mismos a través de los textos de nuestros autores y con esa manera de utilizar el lenguaje, con esa excelencia en el lenguaje que toca unos niveles muy amplios entendemos el mundo mejor también para el futuro. Yo creo que en nuestros clásicos hay, no solo belleza, sino también sentido que nos ayuda a comprender el presente, y por tanto seguir avanzando, porque tocan temas que están en vigor actualmente, pero que lo hacen de una manera tan especial con el lenguaje, con una poética que abarca mucho más que la vida cotidiana, nos colocamos en un lugar muy especial o universal. Y de hecho, como si el espectador sintiera el placer, la envidia del lenguaje cuando está viendo el teatro clásico. Es como si viera ampliado su registro de lengua por tanto de expresión de lo humano.

¿Qué tiene el teatro clásico que no tenga el contemporáneo respecto a trama e historias?

Bueno, a mí me gustan mucho las dos cosas. Yo he trabajado en teatro clásico europeo en general, he trabajado mucho teatro inglés, después he trabajado teatro español clásico y también contemporáneo. Yo creo que el teatro clásico es un sine qua non, es decir, lo necesitamos y está ahí y es unabase para todos, para aprender y comprender el actual. Y el teatro contemporáneo es absolutamente necesario para seguir contando nuestras vidas. Quizá podamos encontrar esas diferencias en los códigos, en las convenciones y lo que es evidente es que el teatro clásico ha atravesado ya un tiempo y unos espacios, y si sigue vivo es porque tiene una fuerza y una calidad extraordinarias. Entiendo que habrá textos contemporáneos que consigan atravesar el tiempo también y se harán clásicos, como ocurre con textos del siglo XX. A mí me encantaría que en nuestra compañía pudiéramos trabajar a veces a Valle-Inclán, que es un autor del XX, pero que ya es un clásico absoluto. Es una grandeza, es una universalidad innegable, indiscutible. No quiere decir que todos los textos de teatro clásico sirvan o nos interesen, no, hay que explorar mucho porque hay muchas cosas que no son interesantes. Pero en fin, los que verdaderamente han seguido a través del tiempo, efectivamente nos cuentan algo y de una manera muy distinta. Claro, la palabra tiene un protagonismo especial, pero la poética que encierran…y además nos hablan de un mundo donde había una intuición mayor, donde el teatro era muy importante, era lo más importante, casi era el medio de información, de relación, de culturización, de diversión. Ahora tenemos otras cosas. Pero el teatro en ese sentido ha alcanzado unas dimensiones extraordinarias.

La palabra ‘clásico’ tiene una connotación de tradicional. ¿En su estilo incluyen recursos tecnológicos o se basan en la parte actoral como años atrás?

Efectivamente yo pertenezco a mi tiempo en formación, en vivencia, por lo cual todos los que hacemos teatro clásico lo hacemos desde el hoy, desde nuestra experiencia vital, por tanto hacemos teatro clásico, pero de forma actual, siempre. No hablo de una estética, pero sí hablo de que el actor se beneficia de las técnicas de interpretación del siglo XX, y sin embargo utiliza un lenguaje propio de otra época. Hablo de las palabras. Pero claro, el trabajo de cuerpo, el trabajo con el espacio, el trabajo de movimiento, lógicamente son técnicas de hoy. Para mí es importantísimo que lo que nosotros presentemos en el escenario concierna al ser humano de hoy, es decir rescatar toda la universalidad que hay en esos textos y ponerlo delante del ser humano de hoy para que lo disfrute, lo entienda, lo rescate para su vida, y en definitiva se sienta concernido.

 

¡Este 27 y 28 de mayo celebra con nosotros el sexto aniversario del Teatro Mayor con El Alcalde de Zalamea!