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La Valse y Bolero en la celebración del Día de la Mujer con la OFB

Este próximo 7 de marzo, en la celebración del Día Internacional de la Mujer, la Orquesta Filarmónica de Bogotá interpretará, con Ligia Amado y Patricia Pérez, dos obras del compositor francés Maurice Ravel.

La Valse y Bolero

Ravel consideró desde 1906, la composición de un poema sinfónico, es decir, de una pieza orquestal en un único movimiento y estructurada en torno a su propia lógica musical sin seguir un patrón determinado. Pero Ravel no abordó la composición de la obra por diversas circunstancias que lo pusieron en el centro de importantes controversias de política musical.

Cuando estalló la I Guerra Mundial Ravel se vio arrastrado a participar activamente en la contienda. Terminada la guerra, Ravel se encontró frenado en su capacidad para componer y su recuperación emocional fue lenta. El resultado fue La Valse.

La obra presenta el ritmo acompasado característico de la danza vienesa a la que hace referencia, pero no la desarrolla como se esperaría a cada rato, sino que la interrumpe, la desplaza o la comenta, con intervenciones que en la práctica destrozarían un baile cortesano.

Algunos han querido ver en esto una referencia a la guerra, provocada por los austriacos, desde alguna perspectiva francesa. Otros reseñan el comentario de Ravel con que restó importancia a todo lo que no fuera música y que ocurriera por fuera del escenario.

En cuanto a Bolero, es la obra más conocida de Ravel y la que presenta de manera más sobresaliente una característica de su estilo compositivo. La obra carece de desarrollo, pues el tema rítmico con el que se inicia es el mismo a lo largo de toda la obra. Se trata del objeto musical sobre el que de manera obstinada se proyecta la totalidad de la pieza.

Ravel logra interés por aumento en la dinámica, es decir, en el volumen sonoro que logran los instrumentos individualmente y la orquesta en conjunto. Y junto con esto, por el interés en sacar el mayor provecho de la identidad de sonido de cada instrumento, trabajándolo aisladamente, luego en relación con otro que lo contraste, luego por grupos, de nuevo aislado y así sucesivamente.

Resulta importante seguir cada uno de los instrumentos a medida que van apareciendo. En Bolero, Ravel logró un final lleno de emoción con el que resolvió la carga de tensión creada magistralmente a partir de muy pocos elementos.