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Un sueño convertido en espectáculo de circo

Hablamos con Jef Odet, director del Cirque Farouche, que trae su show Blast a Bogotá este 5, 6 y 7 de septiembre.

¿Cómo nació la idea de Blast?

Reuní a gente de todo el mundo con la que ya había trabajado para llevar a cabo un cuadro, como cinco pinturas, en un sueño que yo he tenido. Lo llamo ‘el sueño original’. Y les he descrito esas cinco escenas, y cinco cuadros, y les dije, “yo quiero que ustedes sean los intérpretes de esta obra, de estos sueños.”

La obra reúne todos nuestros talentos y también todas nuestras diferencias para interpretar, para realizar, concretizar un sueño, hacer este sueño realidad. Quiero decir que mi sueño es un poco surrealista porque pasa de una idea a otra, o de un paisaje a otro, sin justificación. Así que, el espectáculo Blast es una deflagración, una explosión en vivo de circo y de música, para interpretar estos cinco cuadros de sueños.

El primer cuadro es un sueño aéreo, es un bolero, como el de Ravel, el pianista. Es un movimiento perpetuo como la vida, como el tiempo, que siempre regresa, las estaciones; es un movimiento temporal y representa el tiempo que pasa y que siempre es el mismo.

Después hay dos ruedas, un hombre que está dentro de una rueda que gira y que busca salir. Representa la libertad que hemos tenido en el aire, que nos encontramos de nuevo en la tierra. Es una esperanza de libertad, artistas que están en un sueño y que tratan de realizarlo, o sea, de  volverlo real, y para esto tienen que luchar en cada escena contra los elementos; el viento, las plumas etc. Van a luchar para ganar una forma de libertad, para despertarse de alguna manera.

Y las disciplinas que usamos son el trapecio balante, la rueda, utilizamos transportes acrobáticos para subirse encima y hacer acrobacias, utilizamos el sonámbulo flojo, que es una creación nuestra, que hacemos aparecer como en un sueño, un hombre sobre un alambre flojo a 6 mts. de altura. Trabajamos también la disciplina de las cintas aéreas y la bicicleta acrobática.

Todo este sueño tiene por finalidad montar una lona de circo, una carpa de circo, un sueño de circo. Y el espectáculo acaba con una lona montada en el escenario. Los artistas han logrado ser libres y llevar su libertad a través de este sueño, montando este circo juntos. Y el público, al final de la obra, entiende todo esto y entiende que toda esta disciplina y este trabajo tenía por objetivo la anarquía y la poesía, y nada más.

Tenemos cinco músicos en vivo, con una cantante, que trabajan la música muy rítmica, pero, también como el grupo Pink Floyd, que trabaja la banda original de una película. La música cuenta los humores, cuenta las emociones que hacen que pasamos de una escena a otra y el ritmo en el que se deben sentir estas emociones.

Somos 18 en el escenario, con los músicos, y tenemos siete nacionalidades diferentes.  Hay italianos, franceses, brasileños, suecos, canadienses, tunecinos, y un vietnamita.

 

¿Qué tal la acogida del público en el Festival Internacional de Teatro de Manizales?

Fue lindísimo. Tuvimos más de 2.400 personas durante dos días, en dos funciones y el público se ha quedado casi dos horas con nosotros al final de la obra, después de las ovaciones y agradecimientos, para decirnos que les gustó mucho. Y nosotros también hemos tenido esa sensación. Es nuestro primer contacto con Colombia también, pero nos encantaron las personas colombianas, con quien hemos trabajado y con quienes nos hemos encontrado. Y el público fue increíble. Es como un encuentro, como un lenguaje común con los colombianos.