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Una noche que Bebe y Bogotá nunca olvidarán

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Bebe no había pisado el escenario todavía y el público ya aplaudía y coreaba su nombre incesantemente.  Las luces iluminaron la sala que la artista había adaptado en la tarima para sentirse como en casa: un cómodo sofá, una alfombra, una cobija, el cojín de tigre favorito de ella y de su hija, y una mesita con un florero que adornaba ese pequeño y acogedor espacio.

En cuanto Bebe apareció, el público enloqueció. Con una enorme sonrisa y unos ojos que reflejaban grata sorpresa, la cantante saludó a la audiencia mientras hacía un recorrido con la mirada por todo el Teatro Mayor, escenario que encontró buscando un lugar más bonito y más íntimo para 'reivindicarse' de su concierto anterior en Bogotá donde sintió que el frío no le permitió dar lo mejor de sí.

Tuvo Bebe que esperar hasta que el público se calmara para poder sentarse, tomar su guitarra y empezar su concierto acústico ’10 años no son nada’, con el que celebra su decenio de carrera musical por Latinoamérica. Se acomodó en su sala, perfectamente hecha para ella, tomó un sorbo de agua y comenzó.

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Dijo la primera palabra y de nuevo el público empezó a aplaudir, a chiflar, a decirle todo tipo de adjetivos, demostrando todo el cariño que le tenían guardado esperando su llegada. Entre tal algarabía, Bebe logró expresar lo agradecida que estaba y lo contenta que la hacía estar en Bogotá.

Entre canciones y anécdotas, Bebe complació a la eufórica audiencia con sus temas favoritos y otros nuevos, mientras compartía algo de sus vivencias, su inspiración; de cómo componer, tocar y cantar la relaja, de cómo la afectó la muerte de su abuela, quien fue la primera de alguien cercana a ella, entre otros relatos y confesiones. Permitió a su fanaticada entrar al hogar temporal que había creado en el espacio de Teatro y a la intimidad de su ser, como artista y como persona.

Pero ella no fue la figura principal del espectáculo. Sus fanáticos empedernidos se hicieron notar aprovechando los cortos silencios que había para gritarle 'Guapa', 'mamacita' y otros piropos que la hacían sonrojar y sonreír. Decidió entonces dejar que el público escogiera las siguientes canciones, que hicieran los coros y que se tomaran el lugar. 

Uno de sus fans se paró de su silla y empezó a llamarla, haciendo señas con los brazos, desesperado por su atención. Los demás no pudieron evitar voltear a mirarlo por su insistencia y empezaron a murmurar. Él no paró hasta que ella por fin se fijó en él y le cedió la palabra. Con una voz entrecortada, le explicó que le había escrito una carta, que tenía preparada desde su última presentación en la capital.

En broma, Bebe le dijo que se la hiciera llegar 'como un avión'. Pero Ricardo, quien reveló su nombre cuando ella se lo preguntó, se lo tomó muy en serio. Dobló la carta en forma de avióncito de papel, y desde la platea lo hizo volar hasta llegar a la tarima. Ni ella ni el público lo podían creer. La devoción de su fan logró que la carta llegara a su destino. La española quedó encantada y le mandó besos y agradecimientos mientras todos aplaudían.

La conmoción dio oportunidad a otros de sus fans para que se acercaran al escenario y le entregaran todo tipo de regalos, que Bebe recibió muy plácida. En agradecimiento, cantó más canciones que no estaban en el repertorio de la noche, dejando al público más que contento y satisfecho.

Antes de terminar, un último fan hizo la pregunta que todos tenían en mente: '¡¿Cuándo vuelves?!'. Cansada y conmovida, con sus manos ocupadas por cartas y presentes, dio el mejor regalo que sus fans podrían recibir, la promesa de que se volverían a encontrar una vez más el año que viene. 

 

Por: Adriana Abril