¿Cómo baila María Pagés? #PoderFemeninoEnElTeatroMayor

La bailaora española regresa a Colombia para presentar su creación más reciente, ‘Una oda al tiempo’.

Cuando la bailaora española María Pagés está por salir al escenario se siente como en casa, siempre feliz como una niña. Pero es una niña que además de la jovialiadad asume el compromiso intelectual de que el arte implica una responsabilidad moral con la gente que cada noche la acompaña en el teatro a dar vida lo que ella ha imaginado… Unos años atrás, en su infancia en Sevilla, a esa niña le tocó el baile, así como a sus hermanos les tocaron el tenis o las artes marciales.

“Pero en mi caso, es verdad que se añadía otro elemento que tiene que ver con el empeño de mi abuela y madre de integrarme socialmente en una ciudad en la que ellos, siendo de origen catalán y burgués, podían sentir que no les era fácil entrar. Yo he llegado a la danza flamenca por un deseo de mis mayores de arraigarse en su nueva ciudad y sociedad. También es verdad que al ser de Sevilla y nacer en ella, el flamenco es vida, es cultura e impregna el aire y todos los sentidos”, relata la artista española.

En ese tránsito, desde esa niña que bailaba en las calles de su ciudad natal hasta la gran artista que ha conquistado los escenarios internacionales más importantes, Pagés se ha convertido en uno de los referentes fundamentales del flamenco reciente. Su estilo personal del ritmo español se ha ensalzado con las enseñanzas de grandes maestros como Antonio Gades, La Argentinita, Pastora Imperio y Pilar López.

El zapateo de Pagés no solo ha resonado en el Radio City Music Hall de Nueva York, el Pantages Theatre de Los Ángeles y el Labatt´s Apolo de Londres, entre muchos otros, sino que ha llegado a la gran pantalla de la mano del cineasta español Carlos Saura, quien la ha invitado a participar en películas como Carmen, El amor brujo y Flamenco. La bailaora incluso compartió escenario con el célebre bailarín ruso Mikhail Barýshnikov, quien la convocó para trabajar en su academia de artes en Nueva York.

El 7 y el 8 de febrero, Pagés volverá al Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo con ‘Una oda al tiempo’, su espectáculo más reciente, que a partir del flamenco dialoga con la memoria y con la contemporaneidad. De esta manera, la bailaora y coreógrafa regresa al escenario que ya disfrutado de sus pasos en espectáculos como ‘Yo, Carmen’, ‘Sevilla’ y ‘Autorretrato’.

Antes de su llegada al país, Pagés habló sobre su percepción del flamenco y su proceso de creación.

¿Ahora, en esta etapa de su carrera, disfruta el baile igual que en su infancia?

Antes gozaba con los instintos. Ahora, además de éstos, disfruto la danza con la inteligencia emocional y la razón que me aporta la experiencia y la madurez. Casi diría yo que prefiero esta nueva convivencia racional con la danza, porque me permite trascenderla y vivirla como uno de los mejores paradigmas de compromiso ético con el mundo que tiene la humanidad.

¿Cómo explicar la fascinación que genera el flamenco, no solo en España sino en el resto del mundo?

El flamenco fascina porque es un corazón donde todos los corazones tienen cabida. Es real y redondo y quizá es la mejor representación de la contemporaneidad hispánica, precisamente por su capacidad permanente de hacer dialogar en el mismo escenario la tradición y la modernidad, el pasado y el presente. La coreografía flamenca es una creación orgánica hospitalaria y abierta a todos los lenguajes, que se alimenta de su memoria poliédrica y la nutre de experiencia y vitalidad. El flamenco es tan colombiano, mexicano, cubano o marroquí como español.

Usted decía en una entrevista que el flamenco viene de lo marginal y se nutre de lo popular. ¿Cree que eso aun aplica para estos tiempos?

La grandeza del flamenco se extrae de su diacronía. En ésta, han intervenido muchos elementos.  Nace de un encuentro fundacional entre gitanos y moriscos, dos comunidades periféricas de la España del siglo XVII, y se ha ido desarrollando poco a poco hasta llegar a los teatros, iniciando así su largo y complejo proceso de reconocimiento como arte. Es interesante, en este sentido, fijarse en todos los cantes de ida y vuelta, que algunos salieron de aquí, de España o de África, llegaron a Latinoamérica, crecieron y evolucionaron alimentándose de su nuevo entorno y volvieron de nuevo a España. No creo que exista una contemporaneidad que se respete que no tenga el alma impregnada en lo popular

‘Una oda al tiempo’ habla sobre el diálogo con la memoria. ¿Qué la llevo a tratar este tema desde el flamenco?

Llevo ya muchos años trabajando con El Arbi El Harti, mi marido y compañero creativo, en un proceso en el que llevamos la intertextualidad literaria a la coreografía flamenca, alimentando a esta última con una mayor reflexión dramatúrgica y poética. La cuestión de la memoria, aunque formó parte de ‘Autorretrato’, tomó una especial importancia en ‘Utopía’, un trabajo que hicimos sobre Oscar Niemeyer cuando ya tenía 102 años.

El germen de ‘Una oda al tiempo’ empieza con ‘Utopía’ y ha sido concebida como una coreografía flamenca sobre la contemporaneidad y sobre el continuo y necesario diálogo con la memoria. Plantea desde la tradición flamenca una reflexión sobre el presente en su dimensión ética y artística. Se pregunta sobre lo qué está pasando en el mundo actual para que el arte se exprese como lo hace.  Revisa la luz y las inquietantes sombras que marcan nuestro tiempo y su devenir. Habla de lo efímero, la eternidad y de la implacable irreversibilidad del tiempo sobre el cuerpo, el deseo, el arte y la vida. En definitiva, es una alegoría sobre el tiempo que nos ha tocado vivir, con sus entusiasmo y vitalidad, sus maravillosas posibilidades de felicidad…  y también de sus guerras, sus crisis, sus terrorismos, sus ataques a la igualdad, sus populismos…

¿Cómo es su proceso de creación?, ¿cómo se inspira al momento de emprender una nueva obra?

El Arbi y yo trabajamos continuamente sobre nuestras coreografías, músicas, dramaturgias letras, escenografías. Pero siempre trabajamos contrastándolas con lo que escribimos, bailamos, leemos, vemos, oímos, sentimos, aprendemos, soñamos, imaginamos… El proceso creativo permite precisamente ponerles un cauce a todas estas experiencias maravillosas y revertirlas en una aventura estética con una perspectiva creativa nueva. La inspiración forma parte del trabajo. La verdad el proceso es bello porque nos aporta múltiples instantes de inspiración, pero no todo lo que nos llega por la vía de la inspiración resultan compatible con lo que buscamos… Por eso hay que estar trabajando mucho para inspirarse mucho.   

¿Qué significa su relación con Colombia?

Es un país que admiro y quiero. Soy la hija de un viaje de ida y vuelta… Mi experiencia artística con Colombia es pura satisfacción porque está vinculada a la sabiduría y madurez cultural de Ramiro Osorio, el director del Teatro Mayor, que para mí es uno de los mejores del mundo.

¿Cómo ve el futuro del flamenco?

El futuro del flamenco depende de sus creadores y fundamentalmente del Estado. Juntos tienen que llegar a un acuerdo sobre qué quieren hacer con el paradigma contemporáneo español por antonomasia. De momento hay algo de ceguera…

Función 7 de febrero.

Función 8 de febrero.

 

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